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Comida artificial

Todo sobre cómo las compañías de alimentos (incluida la internacional Philip Morris) estudian el proceso de cómo experimentamos placer al comer, para así hacernos comprar y comer más.

No sólo la comida chatarra es perjudicial

FitSeven comienza una nueva serie de artículos dedicados a los productos alimenticios cotidianos que producen o aceleran la acumulación de grasa en el abdomen. En este primer artículo, hablaremos sobre las razones que obligan a las compañías a producir y vender comida altamente perjudicial.

Hace 60 años surgieron los productos que podían conservarse durante mucho tiempo, esto modificó la dinámica del mercado y permitió la apertura de supermercados; lo que cambió los hábitos alimenticios de la sociedad. A la gente le gusta la comida rica, económica; sus beneficios pasan a un segundo plano.

¿Es más dañino el glutamato de sodio o la comida rápida a la que se le añade dicha sustancia para potencializar el sabor?

La batalla por el mejor sabor

Para producir el sabor que las personas vayan a querer a menudo, la compañía Cadbury probó 3904 variantes antes de lanzar al mercado su nueva bebida gaseosa Doctor Pepper Vanila Cherry. En el proceso de evaluación, la empresa intentaba entender qué gaseosa preferirían los compradores(1).

Entre los indicadores que diferenciaban a las variadas bebidas, estaban la intensidad de los sabores de vainilla y cereza, así como el color y el nivel de azúcar. Hace mucho que los ingenieros de alimentos conocen los niveles de azúcar que prefieren los compradores.

Bliss point: el punto de felicidad

En los años setenta, se indujo un nuevo término a la industria de alimentos gracias a los trabajos de Howard Moskowitz, “punto de felicidad” (en inglés: bliss point), el cual hace referencia a la reacción del organismo frente al azúcar(2), el cual se diferencia de la cocaína por un solo átomo en su composición.

A los niños les gustan los productos que contienen entre un 25 y 40% de azúcar. Los adultos prefieren niveles del 12 al 15%. Si el producto tiene menos azúcar, el producto parecerá sin sabor, si tiene más, parecerá empalagoso. Lo mismo pasa con la sal y la grasa: sus niveles óptimos se conocen hace mucho.

Los secretos de la industria alimenticia

Gran parte de las compras espontaneas de bebidas gaseosas, papitas y productos para picar, las personas las efectúan, no por sentir hambre, sino porque su organismo quiere experimentar placer al consumir ciertas cantidades de azúcar, grasa y sal, las cuales han sido calculadas en cientos de estudios.

El azúcar se añade incluso a los cereales con los que desayunamos al igual que en las salsas y la comida congelada. Lo mismo pasa con la grasa, ésta se añade para aumentar la conservación del producto, así como para mejorar la sensación de la comida al consumirla.

¿Saludable o rico?

Las investigaciones muestran que las calorías contenidas en las bebidas gaseosas son “invisibles” para el organismo y que éstas desactivan los mecanismos que nos hacen sentir satisfechos al comer(1). Como resultado, sentimos placer y consumimos calorías en exceso.

Aquellas personas que toman varias latas de Coca-Cola al día no sufren de una dependencia, la compañía llama a estas personas “heavy user”, ya que el 80% de las ventas se hacen a estas personas(1); por políticas empresariales, no se habla de los efectos negativos del producto.

Productos 0% grasa

Los fabricantes de alimentos cambiaron sus recetas al darse cuenta de la creciente preocupación por el consumo de grasas animales, ellos cambiaron un ingrediente perjudicial por otro. Los productos sin grasa se dañan más rápido, para aumentar su tiempo de conservación, se les agrega sal y azúcar.

Gran cantidad de grasa, resultado del proceso de extracción y purificación de la leche, es usada para producir un queso especial, el cual es utilizado para fabricar alimentos congelados “más cremosos, con más salsa” y que gustan más a los consumidores, también se usa como ingrediente para comida rápida.

Marlboro con sabor a Häagen-Dazs

En al año 1985, la compañía tabaquera más grande del mundo Philip Morris (dueños de las marcas L&M, Marlboro, Chesterfield, Parliament, etc) compró grandes empresas de alimentos como Kraft y General Foods(3), fabricantes de cientos de productos como Häagen-Dazs, Cheerios, Maxwell House y Kool-Aid.

Es muy probable que estos grupos empresariales, los cuales defienden el derecho de cada persona para fumar, hicieron hasta lo imposible para impedir que se llevaran a cabo discusiones sobre el tema de los daños que causan el azúcar, la sal y los alimentos que se venden refrigerados y listos para comer.

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En los próximos artículos hablaremos sobre cómo el azúcar, la sal y la grasa actúan sobre el organismo, y el porque la comida que contiene estos ingredientes nos parece tan deliciosa. Analizaremos los secretos de la tecnología de los fabricantes de alimentos y daremos consejos sobre cómo elegir qué comer.

Fuentes literarias:

  1. Salt Sugar Fat: How the Food Giants Hooked Us, source
  2. Sugar is One Atom Away from Cocaine, source
  3. The Long, Strange History of Kraft Foods, source

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